miércoles, 26 de enero de 2011

Sobre Genealogía y Archivos

Si mal no recuerdo debo haber estado en mi segundo año de estudiante en la PUCV en una carrera que no terminé (ejem!) cuando hablando con mi abueli (yo le decía así, otros le dicen oma, abuelita, lela, etc) contándome sus historias familiares caí en cuenta que habían mucho nombres y situaciones interesantes; es más, había oído tanto hablar de sus abuelos maternos y visto sus fotos que casi me parecía haberlos conocido en persona, cuando realmente habían fallecido hace bastantes décadas.

Había si un tronco familiar del que había escuchado pero no conocía ni rostros, y menos de los ancestros de esa línea. Fue por eso que un día decidí buscar e investigar que había más allá de esos meros nombres, al momento.

Llegando el momento de pesquisar me puse en contacto con un pariente del que mi abueli siempre hablaba:"Oreste Plath". Ya había oído que él era su primo hermano, hijo de la tía Haydée, hermano de Raúl, etc....Desgraciadamente para la fecha Oreste había pasado a mejor vida, por tanto como usuario de internet conexión vía telefónica en esos años, busque información y di con nombre de esposa (fallecida también) y dos hijos.

Llame a uno, que me comunicó que no podía ayudarme mucho, que su hermana tenía más información. Vuelta a llamar por teléfono, lo único si es que en el teléfono siempre sonaba la voz de una señora diciéndome: "ahora no me encuentro en casa, por favor deje el mensaje y lo volveré a llamar".

Pasé horas llamando, tratando de que la persona contestara el fono, pero nada. Me aburrí, casi me di por vencido. Finalmente decidí dejar el mensaje a la contestadora:

- "Hola, me llamo Felipe Vargas Brignardello, y estoy llamándola por lo siguiente...."

Cuando iba por la mitad de la narración, tratando de explicar el nexo familiar que nos unía, siento que levantan el fono del otro lado de la línea. Converse con esa pariente lejana, a quien voy a llamar tía KP, y nos invito a mi abueli y a mi a su departamento en Santiago para conocerla.

Una persona sin duda de mucha amabilidad, nos atendió excelentemente. Cuando cayó la tarde se excuso un momento y me trajo unos papeles con varios nombres conocidos, otros nuevos, fechas. "Estos son los nombres de tus tatarabuelos" me dijo, leyendo por primera vez los nombres de Francisco Leiva Herrera y Carlota Torres Romero.

Pero la sorpresa no termino ahí. Al momento trajo una caja con fotografías: los nombres antes leídos pasaron de ser meras letras a tener un rostro. Finalmente conocía a los padres de mi bisabuelo Jorge y a algunos de sus hermanos.

Supongo que le habrá llamado la atención a esta nueva pariente mi interés en la historia familiar, más cuando yo tenía en esas fechas cerca de 21 años y generalmente los jóvenes andan preocupados de otros menesteres. Accedió a prestarme las fotografías para sacarles copias, comprometiéndome a devolvérselas el fin de semana siguiente.

Cumplí, y ahora esos antepasados están resguardados en formato digital en un árbol genealógico que a la fecha lleva más de 1700 personas.

Lógicamente en el tiempo los avances de internet me han permitido poder contactar parientes de ramas bastante lejanas. Sin duda lo que más me cautiva es el poder ver fotos de esas personas, sobre todo su parecer; ahí se comienza a apreciar la genética, los parientes dicen "Mira si tiene los mismos ojos que la tía tanto...No se parece más al primo cuanto".

En otro post seguiré comentando sobre mi vida de pseudo investigador genealógico.

Chau!
Felipe

No hay comentarios:

Publicar un comentario